«Lara Grey», una canción que nació en el metro de Nueva York

Un artículo de Primitivo Fajardo. 

El viernes 24 de abril de 2026, aprovechando el impulso feliz de la primavera, apareció al mismo tiempo y como una bendita lluvia musical, en las tropecientas plataforma digitales, el disco titulado «Canciones 2 (2000-2010)», de mi querido amigo, paisano, periodista y artista sin igual Julio Jesús Tébar Cebrián. La obra, que por fin ve la luz, es continuación de su aclamada y exitosa «Canciones 1 (1990-2000)» –maravillosas todas–, una joya que llevaba tiempo pidiendo salir del cajón del olvido e incluye en su lista de temas magníficos el corte «Lara Grey», que aconsejo escuchar a las almas sensibles porque es impresionante.

De ella voy a hablar porque se adelantó hace un mes al estreno del nuevo disco y, como dicen los modernos y los ligeramente afectados de erisipela, «lo está petando en redes». Será porque lo vale. La canción cuenta, además de la letra, la música y la producción de Julio Jesús, con la participación de la artista Sara Valverde, cuya voz no sólo canta, sino que conmueve hasta lo más profundo, mientras el violín de Alba Llorente corre como loco y rompe a llorar con una sensibilidad que, literalmente, te eriza la piel.

Este viaje sonoro, en cuya estructura musical tintinea una casi inapreciable cadencia rapera, ha contado con un invitado a contrapelo: el menda lerenda, que desafiando al sentido común y a la mínima prudencia que ha de tener un criterio juicioso, ejercí de corista, lo cual habrá contribuido a que pierda prestancia la canción. Me lo pidió Julio Jesús y yo me quedé como una cariátide. Pero a los caprichos de los amigos uno no puede negarse. Eso ya lo dijo don Camilo, que para eso era Nobel: «a los amigos, el culo, y a los enemigos, por el culo». Fueras o no amigo de Cela –yo hubiera querido y no lo fui por los pelos–, por si las moscas, al escritor gallego y carpetovetónico había que arrimarse con el bullarengue acorazado.

El hechizo de una canción

Fue un auténtico regalo participar en el laboratorio creativo de Julio Jesús aportando mis modestos «gorgoritos» a los coros, junto a Fernando Jesús Fernández y a otro buen amigo, Miguel Tébar Martínez (en la foto, estoy entre Julio Jesús y Miguel, en la Posada del Sol de La Roda, junto a Sancho Panza). Sólo tuve que motivarme ante el micrófono fingiendo ser aborigen maorí para ejercitar el saludo ritual de la Haka, la danza con que los jugadores de los All Blacks se «calientan» antes de los partidos y de paso acojonan al equipo contrario. Sentir que formo una millonésima parte de esta arquitectura musical tan extraordinaria es un privilegio que guardaré siempre con todo el cariño.

Está muy bien la letra y es muy descriptiva y emotiva la canción, así como la historia que cuenta, con ese violín desgarrador que es una maravilla. Cada vez que la escucho caigo en el hechizo de «Lara Grey» y su ambiente sofisticado. Es asombroso el arte que tiene Julio Jesús para rescatar una escena cotidiana que presenció hace 18 años en un vagón de la línea 1 del metro de Nueva York y transformarla ahora en una pieza tan fascinante como hipnótica. Ha logrado que el tiempo se detenga en una melodía potente y magnética que se queda grabada a fuego desde la primera escucha. Con razón está siendo radiada en un montón de emisoras musicales.

Si todos los temas de «Canciones 2» llevan la misma factura, estamos ante otra obra de arte de la factoría JULIO J TÉBAR Sound Project, que reafirma así su liderazgo tecnológico y consigue con su maestría musical y sus sintetizadores una ambientación emotiva donde cada nota parece haber encontrado su lugar exacto en el universo. Esta segunda entrega de 15 canciones promete ser un refugio para los que aún creemos en la música con alma.

Cómo se construye un «número uno»

Cuando le pregunté por el origen de la canción, Julio Jesús me lo contó sin misterio, sin rodeos y sin ambages. Pero, antes debo decir que estamos ante un portento que tiene registradas en la SGAE la friolera de ¡204 canciones! Más que Alejandro Sanz (150) y casi alcanzando a los Beatles (213). El tema «Lara Grey» se remonta a su segundo viaje a NYC, en el año 2008. Mi amigo tenía el hotel en la 7ª Avenida y todos los días cogía el metro en Times Square.

Siempre, a la misma hora, entraba en el vagón una chica con un violín y lo primero que decía era «Hi! I’m Lara Grey», y se ponía a tocar. Eso me fascinaba.

Un día apuntó el nombre para que no se le olvidara y pensó que aquella artista merecería tocar en un gran teatro en lugar de hacerlo en un vulgar vagón de metro. Esto no me lo confesó Julio Jesús, pero por su forma de contarlo, yo creo que en aquel coche ferroviario viajaba Cupido, que acertó a atravesar su cardias pero la saeta fue a clavarse en el violín en vez de en la teta de babor de la violinista.

Una noche, al volver al hotel, me puse a escribir la letra de la canción y en mis rutas turísticas durante el día iba pensando en la música que le podía poner. En un par de noches la dejé terminada y a mi regreso del viaje la desarrollé, grabé la demo en una cinta de casete y le pedí cantarla a mi amiga Sara Valverde, que es la maravillosa voz que la interpreta.

La melodía de violín la hizo entonces con los sintetizadores, pero ahora, escuchándola 18 años después para publicarla, no le convenció demasiado. Quería algo más natural y recurrió a sus conocimientos y a su ciencia. Es evidente que las buenas historias maduran como el buen vino.

Pedí ayuda a la violinista Alba Llorente, que me había presentado un importante productor musical en un concierto en la sala madrileña Galileo Galilei. El resultado lo he metido en una pista al volver a hacer la mezcla y la masterización para adaptarla.

En esta canción está todo en su sitio y se aprecian todos los detalles, seguramente por la masterización, pero también por el exagerado empeño de Julio Jesús en que suene todo como a él le gusta y quiere disfrutar cuando escucha música.

Cuando masterizo y mezclo cualquier canción pongo mucho cuidado, la escucho después en mil sitios: con cascos buenos de 500 euros, auriculares malos de esos de la Renfe, en un altavoz bluetooth, en el móvil, en el equipo del coche… y si algo no me gusta, lo retoco mil veces. En un buen máster debe apreciarse todo por igual independientemente de la calidad del equipo. Debe quedar impecable. Eso le da uniformidad y calidad al conjunto.

Un soneto con estrambote

Es verdaderamente una pena que Julio Jesús no haya podido encontrar a Lara Grey, la protagonista de la canción, para ofrecerle este regalo tan personal e impagable. Hubiera sido el colmo a su excelente trabajo y a ella le gustaría conocer lo que el destino le tenía dispuesto veinte años después de estar tocando en el suburbano neoyorquino. A saber qué habrá sido de ella… Lo mismo está criando malvas o lo mismo vegeta en la abundancia en un despacho de Wall Street. Ahí queda su canción para la posteridad.

He intentado localizar a la chica por redes, pero no la encuentro. Lo mismo tuvo mala suerte y ya no toca. Pero me queda la esperanza de pensar que logró su sueño. O quizá esté durmiendo debajo del Manhattan Bridge.

Por mi parte, y como agradecimiento a mi amigo Julio Jesús, me he atrevido a tirar de lírica para resaltar las cualidades de la canción, creando un sencillo soneto con estrambote que refleja el sentimiento de la historia que aquí se cuenta. Es a la vez un tributo al programa musical «Plasticos a 45», que él dirige cada semana en Radio La Roda y en el que participo resaltando a los grandes de la canción en mi sección «¡Todos a la pista!». Mi más sincera enhorabuena por sus mágicas creaciones a mi buen amigo y mejor persona Julio Jesús Tébar Cebrián, cuyo talento y lucidez guarde el cielo muchos años. Amén.

Primitivo Fajardo