«Canciones I», prístino álbum del periodista rodense. Por Primitivo Fajardo.

Llevo tres meses peripatético, obnubilado, transido, circunspecto y cojitranco con la noticia, y saltando sobre la pata buena de pura y gozosa algarabía porque mi querido amigo, compañero y paisano, para más señas avezado periodista y fotógrafo, locutor apasionado e insuperable diyéi, Julio Jesús Tébar Cebrián, director y presentador de los programas musicales «Plásticos a 45» y «Los 28 de Radio La Roda», nos ha dado una sorpresa mayúscula a la jauría de fieles oyentes que le seguimos en las ondas como cánidos de montería, como feligreses de misa y comunión diaria, como la segregación salivar sigue fiel a su majestad el pernil.
Resulta que el comandante de la nave «plastiquera», esa fiesta para los oídos y los sentidos que se emite martes y jueves en horario vespertino en la emisora municipal de mi pueblo, ha lanzado a finales de octubre al mercado –así, al descuido, como por casualidad, como quien no quiere la cosa– su primer álbum, titulado «Canciones I (1990-2000)», un disco que nadie a quien le guste la música española se puede perder porque es una gozada, un compendio de canciones extraordinarias que dejan huella en el pabellón auricular más insensible. También deja un rastro el título que da pie a maliciarse, cual Perry Manson –por el ordinal incorporado–, que será seguido por un segundo disco, e incluso –por el periodo que abarca– por un tercero.
En este trabajo –por si alguien no lo sabía–, Julio Jesús es el autor de la letra y compositor de la música, productor, arreglista, técnico de sonido y guionista de sus propias historias. Y a mí –que ya sabía que era un genio creativo cargado de talento–, no me cabe sino darle mi más sincera enhorabuena porque esta revelación supone su conversión artística como hombre renacentista desatado en el siglo XXI, que todo lo que hace lo convierte en gloria divina. Y es que hay vocaciones como la suya que nacen en la música, se cultivan en la radio y acaban sonando en el corazón.

Disponible en todas las plataformas digitales
«Julio J. Tébar Sound Project» –las canciones se agrupan bajo este singular título– nos ha regalado un disco excepcional, con una portada original y llamativa donde se retrata el autor pegando brincos con los ornamentos de su oficio. Es la carátula de un álbum hermosísimo con 18 temas escritos y compuestos por él hace más de veinte años –en los años 90–, que estaban madurando su belleza en un cajón. Canciones que han sido interpretadas por artistas de tronío, amigos suyos que han sabido dar voz a sus emociones. ¡Y de qué manera! Julio Jesús los ha arracimado para componer un mapa sonoro que es un tesoro lleno de verdad, de vida y de belleza.
El álbum es una cápsula del tiempo (1990-2000) que contiene un ramillete de mensajes dispares de naturaleza lírica, personal y nostálgica que el autor lanzó al mar en una botella hace más de dos décadas y hoy han recalado felizmente en las playas musicales de la palpitante actualidad y el público masivo… Tanto es así, que el disco está pegando fuerte en las plataformas digitales que a esto de la música se dedican –Spotify, Youtube, Apple Music, Tidal, etc.–, pues contiene canciones fulgurantes como gemas y suculentas como teta de novicia –prácticamente todas, yo me paso el día escuchando el disco en bucle–.
En estos tres meses de andadura del proyecto, Julio Jesús ha cosechado centenares de felicitaciones de sus seguidores –los tiene incluso allende los mares– y el disco superó las veinte mil escuchas –ojo, en poco más de treinta días–, lo que no es moco de pavo ni pecata minuta. Aunque, con el importe que pagan por «clic» las plataformas barrunto que no se va a comprar un Falcon, al menos podrá tomarse unas Mon bien fresquitas en el afamado bar-restaurante Molina, excelso y céntrico local de La Roda donde antaño pelaba guardias mi abuelo Sérvulo, que era limpiabotas y lustraba el calzado de su selecta clientela con sutiles y efectivos ungüentos, al tiempo que sacaba brillo al ánimo con su retranca manchega.

Emotivos paisajes para el oído
Respecto al contenido del álbum, como digo, cada pista de «Canciones I» es un paisaje distinto y bellísimo facturado con el mismo pulso: el de un compositor que entiende la música no como un producto, sino como un acto de amor. Julio Jesús no sólo ha compuesto unas canciones muy elaboradas, con mensaje que cala y nada superficiales, sino que las ha envuelto para regalo en el celofán de la música más actual, sin limitarse a un solo estilo, sino que se ha nutrido de una amplia paleta de géneros, otorgando a cada canción una música diferenciada, acorde con los matices vocales. Esto enriquece la textura del álbum permitiendo que cada pista se sienta distinta dentro de un marco sonoro común.
Analizando los textos, observo que ha entregado pedacitos de sí mismo, letras que cuentan con ironía y gracia historias personales de amores y sinsabores, que reflejan experiencias propias de tristeza y melancolía, ritmos que nos invitan a sentir y melodías que nos abrazan para bailar. Este disco es el debut de un autor con espíritu sensible y carácter paciente que ha creado algo grande, auténtico y necesario, orquestando un sonido de reminiscencias noventeras desde una perspectiva muy actual.
Es la prueba palpable de que cuando la pasión se convierte en canción, el éxito no es una meta sino una consecuencia… Estos son los títulos cuasi poéticos de las 18 canciones, a cual más atractiva, con especial señalamiento de las baladas: «Aquella historia, Luna, Olvídalo todo, Jinetes del asfalto, El duende de tus sueños, Momentos del ayer, Isabel, Ciudad de fuego, Dímelo, Invencible, Fuego Incandescente, El brujo del tiempo, Bajo tu luz, Caminaré contigo, Donde habita el silencio, Eres mi hogar (Madre), Baila Conmigo y Entre luces y sombras».
Al final de estas líneas dejo el enlace a plataformas donde están todas arracimadas, para poder escuchar el álbum de una tacada, si ese es el gusto del oyente; además, llevan la letra incorporada para que se pueda seguir la canción como en un karaoke. A mí me gustan todas, pero me han tocado la fibra sensible, por su mensaje, especialmente «Invencible» y «Eres mi hogar (Madre)», y por su pegadiza marcha «Ciudad de fuego», «Jinetes del asfalto» y «El brujo del tiempo».

Una bendita lluvia sonora
Voy con la parte técnica. A los neófitos nos puede parecer sencillo editar un disco –a mí me parece una aventura sideral–, pero es algo que no está al alcance de cualquiera que no tenga, como Julio Jesús, unas dotes naturales, ingenio personal y talento musical. Para llegar a tan feliz alumbramiento, el autor ha tenido que recuperar estas canciones y actualizarlas. Se ha pasado un tiempo infinito escuchándolas, después las ha metido en la turbomix y las ha remasterizado, ha restaurado pistas, ecualizado voces, preservado matices, recuperado armónicos, ejecutado arreglos, apañado bases rítmicas, periclitado elementos instrumentales… Lo ha combinando todo para crear un sonido cohesionado y versátil y unas excelentes melodías pop con un indudable atractivo radiofónico.
Es el lado profesional que engrandece el proyecto y exige manos hábiles, criterio de ingeniero y oído de artista. Y, para colmo, tras un trabajo tan arduo como tedioso y entusiasta, ha cumplido con la impertinente burocracia y los estándares oficiales que exigen las distribuidoras para poder esparcir las canciones como una bendita lluvia sonora por todas las plataformas de internet. Julio Jesús es un compendio de arte, técnica y ciencia de mil aristas, con una sensibilidad cuasi poética, y no hay más que analizar el álbum canción por canción, de dos en dos o de tres en tres –como los neperianos– para darse cuenta de la veracidad de mi axioma.

Los cantantes que dan vida al álbum
En cuanto a los artistas que han dado volumen a los textos, el autor es un periodista de raza que ha trabajado en distintas emisoras de radio, ha asistido a innumerables presentaciones de discos y conciertos y ha conocido a lo más granado del mundo de la canción, lo que se refuta visitando su página web para ver los trescientos retratos que tiene con famosos a los que ha tratado a lo largo de su vida profesional –con algunos he ilustrado este texto: Miguel Bosé, Michelle Williams, Bruce Springsteen, Antonio Flores, Los Secretos–. Incluso participó en el programa de Antena 3 «La Parodia Nacional», un concurso de televisión presentado por Constantino Romero en el que los participantes adaptaban letras propias a canciones de moda para parodiar la actualidad. Julio Jesús quedó en tercer lugar con su propuesta satírica; si bien, la puesta en escena de su canción –según los productores del programa– fue la más espectacular.
Esa impagable experiencia le ha hecho rodearse de unos cuantos artistas que han prestado su timbre para dar cuerpo a las canciones y amplificar su mensaje y el calado en los oyentes. El hecho de que los temas sean interpretados por múltiples voces aporta matices únicos y distintas dimensiones a cada composición, evitando la monotonía de un vocalista único –que en todo caso hubiera debido ser él, espero que reconsidere su postura de cara al futuro–. Los cantantes que el autor ha elegido para este disco son extraordinarios y forman un espectacular elenco con unas voces luminosas que acarician las palabras del autor: Nacho Beltrán, Iván del Mar, Leo Ramis, Sandra Ferrer, Gael Montoya, Celia Lóriz, Bruno Sael, Nico Torres y Álex Mora. Algunos han interpretado hasta dos, tres y cuatro temas.
Por mi parte, no podía dejar pasar esta ocasión tan especial del lanzamiento del primer disco de mi amigo y artista Julio Jesús Tébar para rendirle tributo resaltando su magnífico álbum y su estupendo contenido, esas maravillosas canciones que ya son un éxito de crítica y publico y abren el melón a la continuidad de la saga con un «Canciones II», que con toda seguridad verá la luz a lo largo de 2026. Felicito solemnemente al autor, me siento muy orgulloso de su clamoroso triunfo y le doy las gracias por su amistad.
