El día que Michael Jackson compró los Beatles

Jackson y McCartney pasaron de ser amigos a competir por los derechos editoriales de las canciones de los Beatles a cambio de millones de dólares. 

La historia nos traslada a 1983. Paul McCartney y Michael Jackson daban los últimos retoques a su segundo dueto para Pipes of peace, quinto álbum en solitario del ex-Beatle. Michael devolvía así el favor tras el regalo de “Girlfriend” en Off the wall y la posterior colaboración llevada a cabo en la balada “The girl is mine”, primer sencillo de su aclamado Thriller estrenado un año antes. 

El videoclip de ese nuevo trabajo que ha pasado a la historia con el título “Say say say”, fue rodado en un viejo rancho del que Jackson quedó enamorado. Ubicado en Los Olivos, a 65 km de Santa Bárbara, aquella propiedad conocida como Sycamore Valley Ranch cubría una totalidad de 1134 hectáreas (algo así como 11 kilómetros cuadrados) y era usado en aquel momento como fábrica y almacén. Atraído por su tranquilidad, decidió comprarlo cinco años más tarde para transformarlo en Neverland, el opulento complejo donde el Rey del Pop vivió hasta poco antes de su muerte en 2009. Curiosamente, las imágenes de ambos artistas contando billetes en la historia central del clip acabarían resultando proféticas

La confesión.

El 2 de febrero de 1983 Michael aterrizó Londres para ultimar los detalles del single junto a “The Man”, otro dueto que abriría la cara B del álbum. El propio Paul fue a recogerlo al aeropuerto y lo instaló en su granja de Sussex.

Aquellos días de trabajo, amistad y confidencias que precedieron a la grabación, McCartney terminó confesando a Jackson las enormes ventajas de su participación en el mundo de los derechos musicales al haber adquirido los catálogos de Buddy Holly, Carl Perkins o Al Johnson. La compra se produjo después de perder su parte en Northern Songs, la editorial musical creada en los años sesenta para explotar los temas de los Beatles. En ese instante, la gestión de sus propios éxitos dejó de pertenecerle, excepto los primigenios “Love me do”, “P.S. I love you”, “Please, please me” y “Ask me why” que habían escapado al fiero contrato. Paul intentó recuperar el control de los derechos junto a la viuda de Lennon, pero Yoko Ono rechazó repetidamente la oferta al no mostrar el mínimo interés ni llegar con él a un acuerdo económico.

“Por eso, Michael, ten cuidado con tu propio trabajo”, advirtió McCartney mientras confesaba -gran error por su parte- la intención de no darse por vencido y seguir luchando hasta recuperar la totalidad de su obra musical, a pesar de los continuos fracasos sufridos en cada intento.  

A Jackson se le iluminaron los ojos. “¡Voy a comprar tus canciones!”, dijo convencido. “Si, claro”, rió el ex-Beatle tomando la advertencia como una de sus bromas. Lo que ni siquiera imaginaba es que finalmente cumpliría su amenaza. Según recordó tiempo después Linda McCartney, aquella histórica conversación se produjo en la cocina de la granja la noche del martes 8 de febrero de 1983,

La gran traición.

De regreso a casa, Michael no podía pensar en otra cosa. Las palabras de Paul daban vueltas en su cabeza obsesionado con aquella nueva idea de negocio que podría reportarle nuevos y suculentos ingresos. Ese mismo año compró por un millón de dólares todo el catálogo de uno de su grupos favoritos, Sly and The Family Stone, obtuvo la editorial de Soul Survivors y algunas grabaciones de Dion producidas por Phil Spector. Pero su objetivo era otro: las canciones de los Beatles. Y no precisamente como un gesto de cortesía para intentar ayudar a su amigo, sino para quedárselas. 

Y así fue. Tras una serie de intensas negociaciones, el 10 de agosto de 1985 compró el catálogo completo de ATV Music, incluyendo las obras de Northern Song adquiridas por el sello editorial en 1969. En la lista aparecían 4.000 piezas musicales, algunas de Bruce Springsteen, The Rolling Stones o Elvis Presley, pero sin lugar a dudas el gran tesoro eran los derechos de reproducción de 251 canciones compuestas entre 1964 y 1970 por John Lennon y Paul McCartney. “Help”, “Yesterday”, “I want to hold your hand”, “Michelle”, “Hey Jude”, “Can’t buy me love”… estaban todas, salvo las cuatro que no pertenecían a la editorial y “Penny Lane”, que el entonces presidente de Holmes à Court (nuevos propietarios tras la venta de Northern Song y ATV) quiso quedarse como regalo a su hija. La cifra pagada por Michael Jackson ascendió a 47,5 millones de dólares en efectivo y en su momento fue considerada “una de las compras más inteligentes en la historia de la música”, además de un vergonzoso acto de traición sin precedentes.

Paul McCartney calificó la compra por parte de Michael como de alta deslealtad, llegando a afirmar: Crees que alguien es tu amigo, y de repente, llega y te roba la misma alfombra en las que te sentabas con él”. El Rey del Pop contraatacó autorizando, a cambio de medio millón de dólares, el uso de “Revolution” para una campaña comercial de Nike. “Los Beatles no crearon esta canción para ser utilizada en anuncios”, dijo el abogado de la banda. El primer enfrentamiento entre ambos acabó en los tribunales.

Pero la historia no termina aquí. Las canciones sólo estuvieron diez años en poder del Rey del Pop. Sus problemas financieros lo obligaron a vender la mitad del catálogo a Sony Corporation, empresa que recuperó el 100% y compró ATV tras la muerte de Jackson pagando a sus herederos 750 millones de dólares en un contrato histórico firmado el 15 de marzo de 2016

Las canciones vuelven a Paul McCartney.

La Ley de Propiedad Intelectual de Estados Unidos, recoge en una cláusula que los derechos editoriales cedidos a terceros pueden ser reclamados por los autores legítimos una vez pasados 56 años de su creación. Por ello, en enero de 2017, Paul McCartney retomó su periplo judicial y demandó el control de su obra íntegra a Sony/ATV

Finalmente, en julio de este mismo año, se llegó a un acuerdo confidencial por el que McCartney y Yoko Ono, como heredera de John Lennon, recuperarían sus derechos sobre los temas del catálogo cada vez que estos fuesen versionados, tocados en directo o utilizados en cualquier medio comercial. 

Para entender mejor el trabajo de las editoriales musicales, os recomendamos el siguiente vídeo donde Jaime Altozano explica el proceso tomando como base otra polémica reciente: la de los contratos filtrados de Kanye West.

Julio Jesús Tébar